
Este sábado que pasó cambiamos la rutina de fin de semana. Desde hacía semanas estaba cocinando la idea de invitar a R y A a pasar el fin de semana con nosotros. R y A son las hijas de amigos nuestros. R va a cumplir 9 años y A, 6.
Cuando llegamos por ellas nos estaban esperando en la calle con las mochilas puestas (unas mini-mochilas de princesas), todas nítidas. Todo el barrio de Salongo estaba enterado, aparentemente, porque había casi valla humana cuando las niñas se subieron al carro.
Pasamos a comer al restaurante libanés Al-Dar.
R preguntó si podía pedir "steak". Ya la vez anterior había preguntado si podía pedir "steak," pero como era a la hora de la refacción, le dije que mejor comiera chawarma. Después nos dijo que ella había probado "steak" para año nuevo, donde "Papa AB y maman Lucy" y que le había encantado. El mesero, que andaba por ahí, se río al oir toda la explicación del steak de año nuevo. El tal steak resultó ser del tamaño del plato. Como buena mamá sargento, hice que las niñas compartieran todos los platos, así que dividimos el steak en 2, repartí las papas fritas e intenté servirles porciones iguales de verduras. A dijo desde el principio que verduras no, pero le dije que tenía que probar. A casi ni comió. R, por el contrario, se acabó el steak y las verduras. Dijo que las verduras eran deliciosas. A se comió unas cuantas zanahorias bañadas en mayonesa pero no tocó los ejotes. Se comió 3 pedazos de carne y después se dedicó a mordisquear el pan y las papas fritas. Como las dos comen bien despacio, después de casi una hora de steak le dije a R que empacara lo que quedaba del steak en un pan árabe y que se lo terminara de camino al show al que las íbamos a llevar.
El show, que era un popurrí de canciones "cabaret" organizado por el
coro que vimos el año pasado, les interesó un rato, sobre todo cuando cantaron canciones africanas. Sin embargo la tal "chanson française" hasta a Didier y a mí nos aburrió (como 20 minutos de baladas a-bu-rri-dí-si-mas mientras que la gente bailaba vals...)
La mamá de las niñas me había advertido que a veces se orinan en la cama, así que no les dimos de tomar nada después de las 5 pm y fueron al baño como 8 veces entre las 5 y las 9 de la noche (cuando regresamos a la casa). Funcionó.
El domingo fuimos a Kisantu con unos amigos y conocidos. Iban Philippe (un colega de Didier), un don de la comisión europea (que entrevisté para mi tesis en el carro), otro de la embajada de Bélgica (que resultó que había estado en Guate hace un mes), otro cuate de medio ambiente (que entrevisté para mi tesis hace un mes y pico),
Francesca y Filippo (los amigos italianos que viven en Kin).
En el jardín las niñas como si fuera la primera vez que veían árbole

s. Les habíamos contado que también había un cocodrilo y un mandril. Después de media hora que A sólo quería estar cargada (pesa 40lbs), entendimos que creía que el cocodrilo andaba suelto. Más tarde R nos dijo que ellas habían pensado que habían muchos cocodrilos
Y mandriles sueltos...R se portó super, tomando fotos de la gente, re chistosa. Didier le dijo que parara porque a cada rato "Papá Filippo, Papá Didier, Papá fulano, quedate quieto que te voy a tomar una foto." (en Congo los niños usan el término "papá" como nosotros decimos "don"). A todos les preguntaron su nombre y si eran amigos de su papá. Didier la dejó seguir tomando fotos con la condición que no tomara más fotos de las personas. R entendió bien y el resto del día sólo tomó fotos de árboles, siguiendo el ejemplo de Philippe. Fue super chistoso ver a la flaquita imitando exactamente las poses de Philippe para tomar las fotos (la foto de la derecha la tomó ella).
El problema de A cargada lo resolvió Francesca cuando las puso a recoger semillas. Les explicó que los granos que veían en el suelo después se convertían en "bebé plantas." Después de asegurarse que había una "mamá árbol"A ya no se levantó del suelo, porque no quería dejar ni una semilla en el piso. Les tuve que recordar que si no dejaban semillas ya no iban a haber "bebé plantas" y entonces comenzaron a tirar de regreso las semillas como locas.
Más tarde, en el vivero, trataron de tocar al chucho "JBK" y el "JBK" les saltó ladrando. R me "escaló" en 2 segundos. A pesar del susto, ni pío dijeron las dos porque Francesca ya les había advertido de no tocar al chucho.
A. conmigo antes de convencerse que no andaba suelto el cocodrilo.
A fue la bebé de la familia durante casi 5 años, así que todavía a veces intenta aprovecharse de su estatus perdido. Quería todo, cambiaba de opinión, se echó un par de berrinchitos...Pobre, como ni caso le hicimos (Didier es peor que yo...) se portó en general bien (pero sí intentó varias veces...)
Por ejemplo, a la hora del almuerzo A dijo que ya no quería el pollo que habían ordenado con R, sino mejor pincho de carne. Le dije que había pedido pollo y que pollo, punto. Filippo amablemente le ofreció su plato, pero le dije que no gracias porque siempre hacía lo mismo y no se comía nada (después pidió mfumbwa, pescado, papas fritas...). Desde la mesa de los niños vi a A controlar para ver si yo la estaba mirando. Nuestras miradas se cruzaron varias veces durante el almuerzo así que mejor desistió de estar pidiendo esto y lo otro.
Lo que sí lograron fue acabarse cada una un agua gaseosa y una botella de agua entera. Se atoraron de plátanos fritos y de regreso a Kinshasa guaquearon TODO. En volumen parecía más de lo que se habían comieron, palabra. Las pobres iban tan mareadas que ni tiempo de parar tuvimos.
Primero vomitó R, que tuvo la sensatez de contener el vómito en su regazo, así que no fue mucho el desastre. Paramos, la limpié lo mejor que pude, se quitó la ropa, se puso el sudadero del día anterior y seguimos. Media hora después, A guaqueó todo el piso del carro. Seguimos el mismo procedimiento. Les di bolsas plásticas por si les daban ganas otra vez. Se miraban bien chistosas con sus bolsitas listas y A vigilándome con su mirada de cocodrilo para ver si yo me estaba fijando qué bien llevaba su bolsa.
Menos mal que se las dí porque al rato R vomitó otra vez. Debo mandar una carta de agradecimiento a Ziploc para decirles que las bolsas de un litro realmente son tan resistentes como dicen. A no se quería quedar atrás y trató de vomitar otra vez pero no pudo. El resto del camino se fue haciendo ruidos de basca y escupiendo en su bolsa.
El regreso a Salongo no ocurrió en la gloria que las niñas seguro tenían planeada. En lugar de regresar con la ropa del día, regresaron todas shucas, cada una con cara de muerte, cargando su bolsita de vómito. Menos mal que se les pasó rápido y se acordaron que llevaban galletas y Nutella para su hermanito (el bebé que destronó a A). Se entraron a bañar y después se fueron a una fiesta. Podrán imaginarse la versión que contaron del fin de semana...
Editado para agregar: El internet acá sigue con sus jugarretas así que no puedo entrar a los comentarios, por eso:
jcab, me alegro que te haya gustado la historia, a mí también me enternecen esas niñas. Estoy esperando que el tío (que es re buen amigo mío) regrese de campo para que les pregunte su versión. Ya les contaré
Filis, Ziploc hasta el fin! qué salvada (o medio salvada, porque igual el carro apestó por una semana). Para responder a tu otro comentario: sí pasé por NYC pero al fin fueron menos de 48 horas y cabal en domingo de Pascua...voy a pasar de nuevo, y más tiempo, a finales de septiembre, de camino a Guate. Fijo te aviso.
Nicté, bienvenida a Kin, espero que las otras historias te gustén también.